domingo, 11 de agosto de 2013

{Mirrors - Capítulo 6}

» Mis padres no son padres normales como los tuyos o como los de Harry. Mis padres son vampiros y no sabían que mi madre se podría quedar embarazada. Durante siglos se pensaban que jamás podrían tener hijos pero un día surgió. Mi madre se quedó embarazada de mí hace cosa de cien años y pocos años después tuvieron a mi hermano. Ellos dos son inmortales pero yo no lo soy, es verdad que envejezco lentamente pero llegará un día en el que moriré. No soy como ellos, ellos no tienen pulso pero yo sí, por mis venas corre sangre normal, no es normal porque es sangre de monstruo pero es sangre. La sangre de mis padres puede curar y puede convertir, la mía no lo sé pero tampoco quiero comprobarlo. La descabellada idea de mis padres es convertirme en cuanto cumpla los dieciocho años. Yo siempre me he negado a eso y saben perfectamente que soy capaz de acabar con mi vida antes que ser uno como ellos. Nunca he aceptado esto que soy. Es cierto que tengo una velocidad, un oído y una vista excelente pero no me atrae eso. Quiero ser un chico normal. Envejecer normal. Tener una vida normal.  « 
» Ahora sólo tengo un objetivo; darle caza a esa cazadora, a la que te hizo eso el otro día. La conozco desde hace años. Una noche mis padres salieron como muchas veces hacen, para aparentar normalidad, aunque ellos sí son una pareja normal.  Empezó a llover y a tronar, yo tenía que cuidar a mi hermano que no era ninguna carga para mí. Me encantaba estar con él, jugar con él, cocinar para él, era todo para mí. Mis padres siempre me habían advertido de que existía algo, una fuerza, un grupo de “personas”, eran criaturas mágicas, que querían acabar con nosotros, con todos los vampiros o los nacidos en familias de vampiros. Iban en especial a por mi familia porque era la primera familia en procrear. Muchas veces habían atacado a mis padres pero siempre eran marionetas o subyugados de esas criaturas pero esa noche en mi casa se presentó el líder, el amo, o mejor dicho, la líder de ese ejército. Mató a mi hermano a sangre fría. Se reía escandalosamente. Prometió volver a por mí y hacerme cosas peores. Mis padres no se arriesgaron y me metieron en este internado, pidieron habitación individual y aunque tú no lo veas, hay protección por todos lados.  Mi hermano era mi punto débil, y esa mujer ha ido a por todos mis puntos débiles. Por eso he roto mi relación de amistad con Josh. Por eso procuro ser malvado y que nadie se me acerque. Procuro no encariñarme con nadie pero ahora os tengo a Harry y a ti, y sabe mis dos puntos débiles. Quizás más.  « 
»Desde pequeño, mis padres me intentaron dar clases de autodefensa pero no podían y me llevaron con Gornid, el hombre de la casa del bosque, el mentor de Gango y Lala, mi mentor. Él me enseñó a luchar, a defenderme y a proteger a mis seres queridos. Me enseñó a no encariñarme fácilmente y a no autodestruir lo que aún queda de mí. Él sabe preparar todo tipo de pociones, sabe curar y malherir, por eso acudí a él. Él sabía cómo curarte lo que la cazadora te había hecho o eso pensaba yo. Tenía sólo algunas medicinas temporales. Descubrió lo que te hizo. Con un rayo de penetración, introdujo en tu cuerpo una sustancia que desconocemos pero que sabemos lo que hace. Esa sustancia te come por dentro y te debilita. Tu no sientes nada pero poco a poco te quedas sin fuerzas, o te cuesta un poco más respirar. Gornid ayudado por Lala y Gango está preparando el antídoto pero de momento debes tomarte todas las pociones temporales que te dé.  « 
-      ¿Y si no encuentra el antídoto? – preguntó Rosmarie. Su voz sonaba como un susurro. Le daba miedo la respuesta de Zayn. Mucho miedo.
-      Lo encontrará – la consoló Zayn pero él sabía lo difícil que era eso.
-      ¿Y eso de Javaad qué es? – preguntó tragando saliva. Era mejor no saber la respuesta a la pregunta de antes - ¿Y lo de tu relación con Josh?
-      Poco a poco – le contestó Zayn entre sonrisas poco convencedoras.
» Desde pequeño todos me llamaban Javaad pero desde que estoy aquí todos me llaman Zayn, es como me di a conocer. De pequeños, Josh era mi vecino, era mi mejor amigo y gracias a sus padres los míos encontraron este internado tan apartado del mundo. Josh sabe la historia corta. Que alguien me persigue, una cazadora y que debíamos cortar nuestros lazos por su propio bien. Él no sabía porque me perseguía ni tampoco quería dejar de ser mi amigo. Ahí fue cuando cambié. Me peleé con él a base de golpes, me comporté mal con él, hice todo eso que él odiaba. Él aún no entiende porque hice eso pero no quiero que esté involucrado en esto. Se merece una buena vida. « 
Rosmarie se tiró encima de él y lo abrazó. Era un gran amigo. Ella sabía que detrás de esa fuerza y de ese tipo duro había alguien con sentimientos y con una terrible historia. Ahora sabía para que estaba entrenando. Sabía que Zayn la necesitaba y que a ella jamás podría apartarla de su lado. No se podía imaginar que su amigo fuera un vampiro o medio vampiro. De todos los pensamientos que la habían asaltado estos días, ninguno de ellos la había preparado para esto. Era todo tan descabellado. Le dio un beso en la mejilla y salió sin decir nada.

Era la tercera tarde que Henar y Harry quedaban. Pasaban un tiempo genial juntos. Entre risas y bromas las horas volaban. Harry llevó a Henar a un sitio desconocido, o al menos no le quería decir a donde la llevaba.
-      ¿A dónde vamos? – le volvió a preguntar Henar.
-      Ya lo verás – Harry entrelazó sus dedos con los de Henar, cogió un bolso gigante negro y se lo echó al hombro, y empezó a andar – No seas impaciente. – le rozó los labios con los suyos dulcemente y siguieron andando. Llegaron a la puerta trasera del internado. Salieron fuera y empezaron a andar de nuevo. Fuera el sol aún brillaba con fuerza, era una fuerza débil de otoño pero brillaba en su más perfecto resplandor.
-      ¿Harry? – Henar presionó la mano de Harry que no paraba de andar y aunque lo tenía de espaldas podía ver una gran sonrisa dibujada en su cara.
-      Escucha – se pararon en seco y agudizaron sus oídos. Henar no oía absolutamente nada.
-      No oigo nada – Harry empezó a reírse – No me hagas pensar que estás loco y me dé media vuelta.
-      No seas tonta – Harry empezó a andar y la mano que Henar tenía cogida a la de Harry la obligó a andar también – Era el silencio lo que quería que escucharas. El silencio. Maravilloso silencio – suspiró.  Al cabo de unos minutos pararon en un lugar precioso. Era un campo aún verde, un campo que caracterizaba a la primavera, no al otoño. El campo poseía hierba y flores, también había dos casas rodeadas por algunos árboles altos. Henar no podía identificar de qué clase de árbol se trataba. El campo estaba atravesado por un río que separaba las dos casas y en medio había un pequeño puente en semicírculo de madera. Un camino antiguo de arena y polvo se abría paso a la derecha del río. En frente, la primera casa, estaba rodeada por setos, arbustos y flores de todos los colores y todos los tipos. La casa era antigua, de una planta y de madera, era una casa rústica, como a ella le gustaba. - ¿Qué te parece?
-      Es precioso – sus ojos brillaban mientras miraba aquel paisaje. Harry la miraba y en sus ojos veía reflejado todo el paisaje. En sus ojos todos se veía más bonito. Sonrió satisfecho y le entregó el bolso - ¿Qué hay aquí?
-      Espera, no lo abras – Harry salió corriendo hacia la casa, una mujer mayor lo abrazó, le dio un beso en la frente y le entregó una cesta. Harry volvió a su lado – Picnic – la cogió de la mano como en el internado y siguieron andando hasta el puente, lo cruzaron y se sentaron en medio del campo. – Ya puedes abrir la bolsa – dijo éste mientras colocaba un mantel con cuadros rojos y blancos sobre la hierba y abría la cesta. Henar abrió el bolso y dentro estaban todos sus objetos de fotografía.
-      ¿Y esto? – ella no sabía cómo interpretar todo esto.
-      Me parece un lugar ideal para mostrar tu don – dijo él entre sonrisas – y de paso cenamos aquí.
-      Es todo tan … perfecto – se sentó a su lado, rodeó su cuello con sus brazos, lo atrajo hacia ella y lo besó - ¿Y de que conoces a esa señora?

-      Es mi abuela – le contestó Harry.

domingo, 4 de agosto de 2013

{Mirrors - Capítulo 5}


Cuando llegaron al internado eran las cinco de la madrugada. Rosmarie esperaba que Zayn le diera muchas explicaciones. Entraron sigilosamente y se encontraron con Josh durmiendo apoyado en una de las mesas del comedor.
-         Es tan tierno – Rosmarie se acercó a donde estaba Josh.
-         En fin … - Zayn corrió escaleras arriba y suspiró aliviado.
-         No cantes victoria tan rápido – le dijo ella sin hacer mucho ruido - ¿Te pensabas que te librarías de ésta? En unas horas volveré para que me des explicaciones y no podrás esconderte de mi, señor Malik ¿o debería decir Javaad? – Zayn puso los ojos en blanco y se fue a su habitación. Pensaba en como contarle eso a su mejor amiga, como empezar y como acabar. No servían de nada los discursos preparados. Él más que nadie sabía que conforme empezaba iba cambiando el contenido de la historia y sobre todo el orden. - ¿Josh? – le dio una palmadita en la espalda – Despierta – le susurró ella al oído.
-         ¡Rossy! – saltó de la silla que cayó al suelo haciendo un ruido estruendo – Estás bien – la abrazó con tal fuerza que le crujió la espalda. Se oían pasos bajando las escaleras – Vamos – Josh la cogió del brazo y echaron a correr hacia las habitaciones de los chicos.
-         ¿Qué hacías durmiendo en el comedor? – le preguntó Rosmarie cuando llegaron a la habitación de Josh. Éste la dejó pasar y los dos se sentaron en su cama. Ella se cruzó de piernas con los zapatos puestos. Josh se quitó los zapatos y se tumbó con la cabeza sobre su regazo.
-         Te estaba esperando – ella le acariciaba el pelo mientras él hablaba y cerraba los ojos – No podía dormir sin saber que estabas bien.
-         Pero si estabas durmiendo – se rió ella. Josh abrió los ojos, cogió los cordones de la sudadera de Rosmarie y estiró de ellos hasta que ella estaba a milímetros de su cara.
-         Sólo llevaba durmiendo unos minutos – le dio un beso.
Josh se puso encima de Rosmarie que lo besaba apasionadamente. Le quitó la sudadera de un tirón dejándola en sujetador. Ella hizo lo mismo con su camiseta. Está mejor de lo que recordaba. Se dijo Rosmarie para sus adentros. Ella puso una mano en su espalda y con la otra lo agarró del pelo. Lo miró a los ojos y volvió a besarle. No tardaron ni un pestañear de ojos hasta que estuvieron los dos desnudos enredados entre las sábanas. Ella le arañaba la espalda mientras Josh entraba en ella. Josh sólo la veía a ella. Abría los ojos y estaba ella. Cerraba los ojos y en sus pensamientos estaba ella. Pero para ella no era lo mismo. Sabía que lo quería, sino no estaría haciéndolo ahora con él. Ella abría los ojos y veía a Josh. Pero los cerraba y en sus pensamientos estaba Josh, Zayn y Gango. ¿Gango? ¿Qué hacía Gango en sus pensamientos? Se hacía esa pregunta mientras pensaba en su sonrisa. Llegó al orgasmo antes de lo que se hubiera imaginado y lo había hecho pensando en Gango.
-         Me tengo que ir – se vistió rápidamente – Luego hablamos – salió corriendo de la habitación sin dejarlo hablar. – Eres la persona más idiota del planeta. – hablaba con ella misma – Pero te gustó, sabes que te gustó porque llevas años esperando esto – se replicaba a si misma – Pero entonces, ¿por qué piensas en ese chico que acabas de conocer? – le preguntó a su mente – Tú lo sabes perfectamente – se reía de ella, su cerebro se reía de ella – Cállate ya.


Gango estaba en el bosque de caza con su hermana. Estaban sigilosamente escondidos entre unas matas. Un zorro pasó corriendo, Gango cogió una lanza y la lanzó con firmeza sin pestañear siquiera. Miró a Lala que ni se había inmutado.
-         ¿Esa es su novia? – se le adelantó.
-         Es su mejor amiga – contestó Gango sin dudar ni un segundo. - ¿Aún sigues con eso?
-         No – le mintió ella descaradamente.
Laura, Gango y Zayn se conocían desde pequeños y todo gracias a Gornid. Ella y Zayn son de la misma edad y siempre habían estado juntos. Cuando eran muy pequeños él siempre le prestaba sus juguetes. De más mayores él la defendía y la protegía como si fuera su novia. Desde los diez años ella está enamorada de él. Su amor ha ido creciendo con los años. Nunca tuvo el valor de decirle lo que sentía y siempre que lo veía con una chica moría de rabia. Su hermano nunca la creyó y sabía que seguía hasta las trancas enamorada de él pero siempre se lo había callado.
Vio otro zorro y esta vez fue más rápido que su hermano. Cogió fugazmente una flecha, la introdujo en su arco y con un silbido sordo le atravesó el ojo derecho.
-         Vas mejorando, hermanita – Gango le removió el pelo haciendo que los pelos se le salgan de la coleta. Ella lo cogió del brazo, le dio la vuelta en el aire y cayó de espaldas sobre un montón de hojas secas.
-         Eres un flojeras, hermanito – Lala se rió escandalosamente y echó a correr.
-         Corre todo lo que puedas – se levantó rápidamente y corrió detrás suya. Aunque los dos sabían algo de cada; Gango era el de la fuerza y la agilidad, y Lala era la de la velocidad y la maña. La alcanzó a escasos metros de la casa, la cogió del brazo e hizo que se diera la vuelta. Ella iba con la idea de darle una bofetada en la cara pero él se agachó a tiempo – Has fallado – pero ella le dio un rodillazo en la barriga.
-         Hablas más de lo que deberías – ella se soltó mientras él estaba indefenso y recobraba fuerzas – Si dedicaras todo el tiempo que hablas en pensar, tus acciones serían y acabarían mejor – ella le sacó la lengua mientras se reía.
-         Chicos, chicos – Gornid apareció donde ellos se encontraban cargado con plantas de todo tipo – Guardar las fuerzas para los entrenamientos. – dejó las plantas en un cubo que había al lado de la puerta – No lo has hecho nada mal – puso una mano sobre el hombro de Lala, arqueó las cejas y se rió. – Ahora quiero que me clasifiquéis estas plantas. – entró dentro y los dejó. Él tenía muchas cosas que hacer. La poción que le había dado a la amiga de Javaad no era suficiente para que ella se pusiera bien. Siempre habían efectos secundarios pero los suyos eran graves y esperaba que Javaad se lo contara pronto todo.
-         Acabemos esto cuanto antes – Gango se sentó en el suelo y su hermana hizo lo mismo. Prepararon todos los cuencos y se pusieron manos a la obra.
-         ¿Para qué quieres acabar tan rápido? – preguntó ella picándolo. Le encantaba sacar a Gango de sus casillas.
-         He quedado – su hermana tiró las plantas al suelo y lo abrazó eufórica – No te emociones. No es una cita.
-         ¿Entonces qué es? Me esperaba que algún día encontraras al amor de tu vida – ella se dio por vencida.
-         Gango, hablas demasiado – Gornid apareció detrás de ellos, siempre lo hacía todo tan sigilosamente que no se percataban de sus movimientos. En la mano derecha llevaba uno de sus famosos frasquitos pero esta vez contenía una poción diferente, algo que no había visto antes. Era de un color rosa claro en su mayor totalidad, pero en el fondo había un líquido espeso y verde – En cuanto la veas, dale esto. Se lo tiene que tomar todo de un trago y tienes que hacer que no vomite – le entregó el frasquito y le guiñó el ojo.


Rosmarie se vistió con una camiseta de tirantes blanca, con unos pantalones cortos de chándal azul marino y unas Asics blancas con rayas azul oscuro. Se adentró en el bosque con precaución para que no fuera vista por nadie y a escasos metros de ella estaba Gango. Hoy llevaba puesta una camiseta gris ancha, unos pantalones negros de chándal pero eran tan ajustados que no lo parecían y unas zapatillas deportivas del mismo color que la camiseta. Ella se sintió un poco estúpida por ir así vestida, nunca pasaba frío y ahora se moría de calor pero él era tan diferente a la hora de vestirse.
-         Vas ideal – él empezó a andar y ella siguió sus pasos – La próxima vez procura traerte pantalones largos. No me gustaría verte las piernas llenas de arañazos – su mente empezó a divagar. Se acordó de lo que pasó la noche anterior, cómo dejó a Josh colgado y como su mente la provocaba proyectando a Gango a cada segundo en su mente. - ¿Me estás escuchando? – dijo éste mientras le entregaba un palo.
-         ¿Y esto para qué es? – preguntó ella e inmediatamente se arrepintió de haber hecho esa pregunta.
-         Si me escucharas, quizás te enterarías – dijo éste con un tono de superioridad pero con dulzura. Sonrió para sí mismo y antes de proseguir con la explicación, sacó el frasquito de uno de sus bolsillos – Tienes que beber esto.
-         ¿Qué es? – miró el líquido que había dentro y le daban ganas de vomitar sólo con verlo – No pienso beberme eso, sea lo que sea – se agachó para volver a coger el palo y al subir se encontró a Gango a unos centímetros de su cara.
-         Es por tu bien – lo removió delante de su cara – Confía en mi – le entregó el frasquito y ella lo cogió de mala gana. Gango sonrió aliviado.
-         No tan rápido – dijo ella antes de abrirlo – Antes de que beba esto, quiero saber una cosa de ti – él se cruzó de brazos exasperado. Sabía perfectamente lo que ella quería saber. – Creo que ya sabes lo que es.
-         En ese frasquito se encuentra tu pase hacia la vida – dijo Gango en un tono bajo – Ahora mismo estás bien y sana, pero lo que te pasó el otro día podría afectarte – en el fondo le dolía muchísimo decir aquellas palabras, no la conocía mucho, en realidad no la conocía de nada pero la necesitaba con vida y a su lado.
-         No me importa demasiado – ella le volvió a entregar el frasquito sin haber bebido ni una gota - ¿Entrenamos ya? – Gango se dio por vencido, ella le inspiraba confianza y prefería sentirse menos protegido a que a ella le pase algo.
-         Álvaro – se encontró con los ojos de ella que brillaban, ella no sabía lo importante que era el esconder su nombre pero ahora mismo a él todo eso le daba igual. – Ahora la poción – ella volvió a coger el frasquito, arrugó la nariz y con asco se lo bebió. Ahora sólo tengo que hacer que no vomite pero ¿cómo? Se preguntó a sí mismo y su mente le contestó al instante. Bésala, idiota, sabes que deseas besarla y ésta es la mejor excusa. La miró, ella estaba a punto de tener arcadas. Cogió su cara con las manos y la besó. Ella no opuso fuerzas. Sintió su lengua dentro de su boca. Le gustaba. Se sentía protegido y a la vez indefenso. Iba a rodearla con los brazos para sentirla más suya cuando ella le dio con el palo en la barriga. Lo miró riéndose – Aprendes rápido – se incorporó rápidamente y cogió otro palo – Atácame – le dijo él.
-         ¿Atacarte? – asintió y Rosmarie le hizo caso. Se lanzó como una loca a darle golpes pero él las defendía todas. A la derecha. A la izquierda. Golpes bajos. Todos. Al poco rato ya estaba cansada y le costaba respirar. - ¿Cómo haces para no cansarte?
-         Entrenamiento excesivo – dijo con una gran sonrisa – Toma aire y golpe mi palo a donde yo lo lleve, ¿vale? – ella asintió y estuvieron haciendo ese ejercicio durante media hora – Y ahora sigue mis pasos, tienes que pisar donde yo pise – empezó flojo moviéndose de un lado para otro y con pasos cortos, pero poco a poco aumentaba la distancia y la velocidad, daba volteretas en el aire y hacía movimientos imposibles de seguir – Creo que por hoy basta – Rosmarie se sentó en un tronco de árbol y respiraba aceleradamente. - ¿Puedes hablar? – ella negó con la cabeza y él se rió. – Prométeme que no dirás a nadie mi nombre ni dirás que lo sabes, es muy importante para mí. Sólo lo sabes tú, mi hermana y Gornid – ella asintió – Gracias por entenderlo.
-         ¿Por qué no quieres decirle a nadie tu nombre? ¿Por qué es tan importante para ti? – preguntó ella jadeando.
-         Me siento protegido – Rosmarie no entendía nada y él se dio cuenta por la expresión que mostraba – Nadie se merece saber algo tan significativo para mí, sólo las personas que de verdad me importan.
-         Lo siento – ella hundió la cara entre sus manos.
-         ¿Por qué? – Gango se sentó a su lado, pasó un brazo sobre su hombro y la atrajo contra él.
-         Te obligué a revelar tu nombre. No sabía que fuera tan importante para ti.
-         No me sentía obligado a decírtelo – suspiró – Pero prefería que tú supieras mi nombre, a que te pasara algo por no tomarte esa poción – había dicho eso que prefería mantener en secreto – Me inspiras confianza, no me preguntes porqué pero contigo no podría tener un secreto. – ella iba a decir algo pero la cortó – Creo que deberías volver, es tarde. Mañana seguimos, a la misma hora y en el mismo sitio.
-         De acuerdo – volvió al internado entre pensamientos. – Estos chicos te hacen pensar más de lo normal – se dijo a su misma – Tendrás que contener ese deseo que tienes – se volvió a decir. Y tenía razón. Justo en ese momento Zayn acababa de correr y lo saludó con la mano – Zayn , ¿tienes tiempo?

-         Para ti siempre – subieron juntos – Voy a darme una ducha – miró la cara roja que ella tenía, le miró la ropa que la tenía hecha un asco y añadió - y creo que tú también necesitas una. – se fueron cada uno para su habitación, Zayn se duchó y se puso cómodo en su cama. Pocos minutos después llegó Rosmarie - ¿La explicación? – ella asintió mientras se sentaba a su lado – Pues verás ….

jueves, 1 de agosto de 2013

{Mirrors - Capítulo 4}


Rosmarie abrió los ojos y se tocó la frente. Había recibido un buen golpe. No se acordaba de nada de lo que había pasado. Se pensaba que todo había sido un mal sueño hasta que se fijó bien en el sitio en el que se encontraba. Era una habitación de las que sólo se encontraban en las películas de fantasía. ¿Eso de verdad existía? Sus ojos no daban crédito a la cantidad de cosas que veía. Parecía la casa de un mago. Se rió ante aquel pensamiento tonto. Pero si los magos no existen. Movió la cabeza de un lado para otro hasta que dio con un cuerpo. Estaba de brazos cruzados y la miraba. Tenía el pelo negro en cresta, los ojos eran marrones claros y su color de piel era normal, ni moreno ni blanco. Era atractivo. Era su prototipo de chico. Era alto y corpulento. El traje de guerrero negro con un cinturón repleto de armas le favorecía hasta tal punto que le marcaba todos y cada uno de sus músculos.
-         ¿Dónde estoy? – es lo único que pudo decir porque aquel chico le imponía mucho. Ella sabía que detrás de ese traje y de esa fuerza había alguien dulce y frágil pero ella jamás lo sabrá. O eso creía ella.
-         Gango, me llamo Gango – él estaba pensativo, no quería hablarle de ese lugar, de la casa de Gornid, del hombre que tanto los había ayudado a él y a su hermana. Gango, no es momento para pensar en tu pasado. Se quitó todo pensamiento de la cabeza y puso sus cinco sentidos en ella – Según me han dicho, te llamas Rosmarie, ¿me equivoco? – ella asintió con la cabeza y Gango se sintió satisfecho.
-         ¿Ese es tu nombre? – ella vio como en su cara se dibujaba una sonrisa – Si es un nombre, no es un nombre muy común. – ella intentó levantarse de aquella cama pero en el instante que puso los pies sobre el suelo se volvió a derrumbar. Él pasó un brazo por su espalda y la ayudó a tumbarse.
-         Deberías descansar y retomar fuerzas – se hizo sitio al lado de sus piernas y se sentó. Estaba distante. La tocaba pero con cuidado, con miedo a romperla pero no era eso. Él tenía una historia, algo que lo marcó. – No, ese no es mi nombre – se rió – Es mi apellido.
-         ¿Y por qué no me dices tu nombre? ¿Tienes miedo que en cuanto salga de aquí te busque en las páginas amarillas y te vigile? – después de mucho tiempo se rió, se rió con ganas y sin fingir. Aquella chica le caía simpática. - ¡Ya lo tengo! – ella gritó – Eres un secuestrador y tienes miedo de que yo sepa tu nombre y después pueda vengarme – él volvió a reírse, los mofletes se le habían puesto colorados y la barriga le dolía hasta tal punto que parecía que iba a explotar – Es eso, lo sé.
-         ¿Desde cuándo un secuestrador ayudaría a su víctima a tumbarse porque se ha mareado? – preguntó él sin saber muy bien que contestarle.
-         En fin, tienes razón – Rosmarie se dio por vencida – Tú ganas – se tiró con la cabeza sobre la almohada. Oyó una puerta que se abría y después volvía a cerrarse. Unos pasos acercándose. Levantó la mirada y vio a una chica vestida igual que Gango. Era morena de ojos marrones. Tenía una cola alta. Se fijó mejor y tenía el pelo largo y perfectamente liso. Era preciosa.
-         Ella es mi hermana Lala – ella estaba igual de tensa que su hermano – Lala, te presento a Rosmarie – bufó y salió de la caseta de la misma forma que había entrado – No le hagas mucho caso. – Rosmarie abrió la boca para hablar pero esta vez se le adelantó – Lala es un apodo y viene de Laura – los dos sonrieron satisfechos – En unos minutos volverán Gornid y Javaad, intenta descansar mientras – puso una mano sobre su rodilla, sonrió y la retiró rápidamente.

Álvaro salió de la casa sin hacer mucho ruido y se sentó en un tronco de árbol que había en frente de la casa. ¿Por qué aquella chica me inspira tanta confianza? ¿Por qué casi le digo mi nombre sin importarme todo el pasado? ¿Por qué puedo reírme con tanta facilidad? Esas eran unas de las muchas preguntas sin respuestas que se hacía. Álvaro Gango. Nombre tan poco común en esta zona. Su historia empezaba muchos años atrás cuando aún era un niño, un niño de tan sólo 7 años. Ahora tenía 23 años. Cuando Gornid los encontró perdidos por el bosque, su hermana tan sólo tenía 2 años, eran un bebé y ahora era una señorita de 17 años. No sabían nada de sus padres, al menos Laura no sabía nada y era mejor así. Los pocos años que él había vivido con sus padres habían sido los peores años de su vida. Y eso era mucho decir. Gornid los crió como si fueran sus hijos, les dio un hogar y les enseñó tantas cosas, como por ejemplo, a utilizar todas las armas existentes, a crear pociones curativas y otras malignas, les enseñó a querer y a proteger, y los convirtió en los guerreros que son hoy en día.

Zayn paseaba con su gran maestro por el bosque. Gornid siempre había sido como su segundo padre. Ahora recordaban viejos tiempos y hablaban de las últimas cosas que habían pasado. Eran tantas cosas que no entendía. Desde aquella noche en su casa hasta este momento pasando por todos los momentos incómodos. Daba gracias por haber ayudado a Rosmarie. Volvieron a la casa donde se encontró con la mirada de Gango. Tantos años conociéndose y aún no se sabe su nombre, no porque a Zayn no le interesara sino porque Gango no quería decirlo, era como su amuleto o algo así decía él. En cuanto vio a Rosmarie se tiró encima de ella y la abrazó.
-         Zayn – susurró ella casi sin voz – Me estás dejando sin aire.
-         Perdona – la saltó, la miró a los ojos y mientras le acariciaba el pelo le dio un beso en la frente – Podemos volver a casa – le dijo con una sonrisa en la boca.
-         No me pienso mover de aquí hasta que no me cuentes todo lo que está pasando – se abrazó a sus piernas y hundió la cabeza en ellas.
-         Volvamos al internado y te lo contaré todo ahí – Zayn le tendió la mano pero ella la rechazó. – No seas cabezota, Rosmarie – era la primera vez que él la llamaba Rosmarie pero aun así no iba a ceder.
-         Deberías hacerle caso – intervino Gango que estaba apoyado en el marco de la puerta cruzado de brazos – Confía en él, o si no confía en mí. Haré que cumpla su palabra.
-         Está bien – se levantó sin aceptar la ayuda de nadie – Te espero fuera – le dijo a Zayn. Se acercó a Gango , puso una mano sobre su hombro y le susurró al oído - ¿Me enseñarías a luchar? – él se sobresaltó.
-         No me esperaba que me pidieras algo así pero cuando quieras – dijo éste sonriendo de oreja a oreja.
-         Pásate mañana a las siete a recogerme – Rosmarie le sonrió y salió fuera para esperar a su amigo.

Mientras tanto en el internado Josh estaba que se subía por las paredes. No había tenido noticias de ellos dos desde hace muchas horas. No paraba de mirar el reloj. No sabía ni cuantas horas habían pasado. Todo era frustrante para él. Se sentó en la mesa del comedor que daba hacia la ventana y a través de ella vio una toga roja con capucha como la que llevaba la cazadora. Parpadeó. La había perdido de vista. Maldecía para sus adentros. Eran las cuatro de la madrugada y aún no tenía noticias. La puerta del internado chirrió. Salió disparado pensando que era Rosmarie pero se había equivocado. Era la compañera de habitación de Rossy. La chica esa rubia. No se sabía su nombre. Su forma de andar le resultaba muy familiar.

*Siete horas antes*
Harry estaba feliz. Había quedado con la chica de sus sueños porque así era Henar. Se encontró con ella en el salón del internado. Estaba sentada en uno de los grandes sofás. Iba vestida con un vestido azul con plumas blancas y con unas vans blancas. No la conocía mucho pero sabía que ella era fan de las zapatillas y que jamás podría llevar tacones ni otro tipo de zapatos. Se había planchado el pelo. Le gustaban más los rizos pero aun así estaba preciosa. En el salón no había nadie más. Estaban los dos solos. Ella no se había dado cuenta de su presencia porque estaba sumida en uno de sus libros favoritos. Era la quinta vez que se leía Los juegos del hambre. Ella notó una mano que le acariciaba la mejilla. Sabía que era él. No pudo evitarlo y una sonrisa gigante se dibujó en su cara. Harry se sentó a su lado, le cogió la mano y le dio un beso como el caballero que era.
-         Perdón si llego tarde – se disculpó Harry.
-         Llegas justo a tiempo – ella cerró su libro y se levantó a dejarlo en el sitio del que lo había cogido hace unos minutos.
Pasaron una noche muy divertida. Hablaron de sus cosas, de sus planes y de su pasado. Aunque no tenían muchas cosas que contar, entre los dos se complementaban muy bien. Harry la acompañó hasta su habitación. Su compañera de habitación no estaba. Según Henar le había dicho que no volvía hasta dentro de unos días que empezaban las clases. Harry le acarició la mejilla con el dorso de la mano, con la otra mano la agarró fuertemente por la espalda y le dio un beso en el cuello. Ella inmediatamente reaccionó. Lo rodeó con los brazos y le dio un beso. Al final se convirtió en un beso apasionado, en un beso que los pegó y los unió. Harry acariciaba cada parte de su cuerpo. Ella hacía lo mismo. Se deseaban tanto el uno al otro que no podían esperar. Harry se alejó un poco de ella y le sonrió hasta que se le marcaron los hoyuelos. Le dio un beso en la frente.
-         Harry Styles, sabes hacerte querer – ella se quitó los zapatos.

-         Henar Bosque, sabes enamorarme – le cogió la cara dulcemente, le dio otro beso y le deseó las buenas noches – Mañana nos espera otro día – Henar lo cogió del brazo e hizo que se fundieran en otro beso. Se le removían las tripas por dentro. Y no sólo a ella, porque Harry se moría por tenerla entre sus brazos y hacerla suya – Tiempo al tiempo – le susurró al oído – No hay prisas.

sábado, 27 de julio de 2013

{Mirrors - Capítulo 3}

Se encontraba en la laguna del internado, de noche era terrorífica. Vio a Rosmarie apoyada en un árbol con los ojos cerrados, podía oír su respiración que cada vez disminuía más y más. Un líquido rojo bajaba por su pecho manchando su camisa blanca. Un último resoplido. Una risa. La vio caminando encima del agua. Esta vez llevaba una capucha roja y corta pero se reía, se reía como aquella noche en su casa. Volvió la mirada hacia Rosmarie que dejaba de respirar.
Zayn sudaba. Había sido su segunda peor pesadilla. La primera pesadilla la vivió con sus propios ojos y la segunda la acababa de vivir con su mente. No, no podía quitarse esa imagen de la cabeza. Se levantó cabreado de la cama, cogió la lámpara y la estampó contra la pared. Se apoyó en la pared y se dejó caer poco a poco mientras se estiraba de los pelos.
-         Maldita sea – empezó a pegarle puñetazos al suelo – Sabe mi punto débil.
Abrió los ojos y se encontró con la mirada de su compañera penetrada en ella. Le ponía los pelos de punta. Nunca le había dirigido la palabra y se estaba comportando raro. Rosmarie se metió a la ducha. Se vistió con ropa normal, unas Andy-Z azules, unos vaqueros y una sudadera turquesa. Hoy no le apetecía nada. Se dejó el pelo rizado caer sobre su espalda. Al salir se encontró con su compañera en la misma posición que antes mirándola intensamente.
-         Buenos días – le dijo esta con una gran sonrisa.
-         Buenas – Rosmarie la miró detenidamente. Era alta y rubia, tenía un pelo liso no muy largo y sus ojos eran de un azul intenso, un azul celeste. - ¿Has dormido bien? – intentó buscar conversación, no sabía de qué hablarle porque jamás se habían dirigido la palabra.
-         De maravilla – el tono de su voz sonó frío y terrorífico pero al momento volvió a sonreír enseñando sus perfectos dientes blancos – Soy Luane – alguien tocó a su puerta y la salvó. Rosmarie resopló aliviada.
-         Ross, ¿vamos? – la voz de Henar la tranquilizó, cogió su bolso y salió corriendo de la habitación.
-         ¿Se pueden pedir cambios de habitación? – le preguntó a su amiga que se rió – En cinco años no me dio ningún problema, y justo hoy se pone a hablarme.
-         Exagerada – Henar le dio un empujón cariñoso y empezaron a bajar las escaleras – Me ha pasado algo muy fuerte – se sentaron en una mesa  alejada de las demás – Ayer cuando llegué ….
Josh lo había preparado todo y sólo faltaba ella. La encontró. Estaba sentada en el comedor con su amiga Henar, una chica morena de ojos marrones, pelo rizado y bastante guapa, si no existiera Rossy, ella hubiera sido una de sus chicas. Pero no podía pensar en eso ahora, tenía una perfecta tarde planeada.
-         Señoritas – las saludó a las dos y le tendió la mano a Rossy – Me gustaría que me acompañaras  - Rosmarie miró a Henar que lo comprendió todo, cedió y al final sonrió.
-         ¿A dónde vamos? – cuando estaban fuera del internado, Josh volvió a taparle los ojos con el pañuelo de seda perfumado – La costumbre que no se pierda – bromeó ella.
Josh la guiaba a través del bosque con demasiado cuidado para que ella no se tropezara aunque teniendo dos pies izquierdos hasta si la llevaran en brazos acabaría en el suelo. Ella se rió ante aquel pensamiento.
-         ¿Puedo enterarme yo también de eso que te hace tanta gracia? – le preguntó Josh susurrándole al oído. Hasta el aire que respiraba la tranquilizaba.
-         No es nada.
A Zayn le retumbaba la risa de la cazadora en los oídos. Cada vez con más fuerza. Con más intensidad. Llegó a las escaleras. Desde arriba se veían eternas, no acaban nunca. Iba bajando escalón a escalón pero parecía que por cada uno que bajaba otros dos se añadían al final de la escalera.
-         Malik – una mano que le tocó el hombro le sobresaltó, pisó mal el último escalón y esa misma mano lo salvó de estampar su cara contra el suelo - ¿Estás bien? – delante de sus ojos estaban esos ojos esmeralda que de tantos problemas le había salvado, el mismo Harry que ahora estaba preocupado. - ¿Zayn?
-         Sí, estoy perfectamente – le temblaban las rodillas, ¿cómo podía mentir de forma tan descarada a su mejor amigo? - ¿Has visto a Rosmarie? – miró a los ojos a su mejor amigo que negó la cabeza balanceándola de un lado para otro.
-         Yo sí – respondió una voz dulce pero firme detrás de ellos. Se dio la vuelta y vio a la amiga de Missy, a aquella chica de pelo rizado. Ella miraba a su mejor amigo con una sonrisa de oreja a oreja cosa que Harry también correspondía. Estos chicos pensó Zayn para sí mismo. – Josh se la llevó hace un par de horas.
-         ¿Dónde? – respondió Zayn alterado. Henar señaló a través de la ventana hacia el frondoso bosque. Miró detenidamente y el sol ya se estaba poniendo. – Maldita sea – salió corriendo dejándoles a los dos solos.
-         Tienes un amigo muy rarito – le comentó Henar a Harry antes de darse la vuelta e irse.
-         ¡Espera! – Harry la cogió del brazo, se colocó delante de ella y le quitó un mechón de pelo que le tapaba los ojos. Dios, sus malditos preciosos ojos. Como me derrite su mirada. Pensamientos así lo invadían día y noche, cada minuto, cada segundo desde que la vio. No se la podía quitar de la cabeza, y aunque el sentimiento fuera mutuo su amor era un amor prohibido. Un amor que crecía como una rosa, era un amor hermoso que todos envidiaban pero las espinas detienen el acercamiento.
-         ¿Deseas algo? – Henar se mordió el labio ante el deseo de rodearlo con sus brazos y comérselo a besos.
-         Quería pedirte ayuda con las matemáticas, estos deberes que nos mandaron no me entran – Harry se rascó uno de sus perfectos rizos y después sonrió al darse cuenta de la mentir más grande que le había dicho.
-         Primero, soy un desastre para las matemáticas. Segundo, no hay deberes porque aún no hemos empezado las clases – ella se rió de su estúpida idea - ¿Algo más?
-         Mmmmm … - él no sabía que decir, la dejó marchar para después volver a cogerla del brazo – Sí – le temblaba tanto la mano que tuvo que soltarle el brazo para que ella no notara su nerviosismo - ¿Podríamos quedar esta noche? Hablar y eso.
-         Claro que sí – ella sonrió de tal forma que Harry estuvo a punto de comerle esa sonrisa a besos y a mordiscos.


Zayn corría a través del bosque con esa risa persiguiéndolo. Oyó un grito. Era Josh. Empezó a correr con más fuerza. Ahora es cuando su “don” tenía que salir al a luz y así era, su velocidad sobrenatural apareció cuando más la necesitaba aunque siempre estaba dentro de él pero ésta era la primera vez que le parecía bien utilizarla. Utilizó también su gran capacidad auditiva y pudo localizar a Josh. Allí estaba, en la laguna. Una figura caminaba sobre el agua, entre risas y carcajadas. Tenía un vestido y encima llevaba la toga roja y corta con capucha. Pudo ver un mechón de su pelo. Era rubia. Buscó a Josh con la mirada y lo vio de rodillas sosteniendo un cuerpo blanco de pelo naranja en sus brazos.
-         ¡Missy! – saltó los dos matorrales que le cortaba el paso y se agachó para verle la cara. Esto era como en su pesadilla. - ¿Qué ha pasado?
-         ¿Esa es … la … cazadora? – Josh tragó saliva y no esperó a que Zayn contestara, ya sabía la respuesta. – Estábamos aquí cuando de repente apareció ella, lanzó un rayo luminoso y cuando mi vista volvió a la normalidad me encontré a Rossy así.
-         Ve a buscar ayuda, yo intentaré ayudarla – Josh le hizo casó, salió corriendo bosque a través hasta el internado. Zayn sabía que él hubiera llegado antes que Josh pero tenía que estar con ella – Missy, tú eres la que me mantiene con vida y con fuerzas, tú eres la que me da esa energía. – se agachó para darle un beso en la frente – Siempre me has preguntado que porque te llamaba Missy. No pensé que te lo diría en este estado pero necesito que lo sepas. – tomó aire, la abrazó con fuerza contra su pecho y escuchó su respiración entrecortada – Missy es mi forma cariñosa de llamarte, viene de Miss que en inglés significa echar de menos porque eso me pasa cuando no estás conmigo, te echo de menos a todas horas, hasta cuando estoy contigo te echo de menos – se levantó y la cogió en brazos – En esta enfermería no harán nada – silvó tres veces una melodía dulce, como la de un ruiseñor y delante suya apareció un enano con barba larga blanca, tenía un sombrero negro pero debajo de ese sombrero escondía un pelo del mismo tono que la barba.
-         ¿Me necesitas, Javaad? – Gornid siempre lo había llamado por su verdadero nombre cosa que odiaba pero si venía de él siempre era bienvenido.
-         Necesito ayuda – le enseñó la cara de Rosmarie – La cazadora.
-         Sígueme – Gornid empezó a andar a través de los árboles, esquivando ramas y todo tipo de animales. Después de media hora andando llegaron a una caseta bien escondida entre más de cinco árboles, múltiples ramas y varios matorrales. Abrió la puerta y dejó pasar a Zayn – Déjala sobre la cama.

Josh llegó al internado casi sin aliento, necesitaba buscar ayuda pero no sabía a quién recurrir. Escuchó un graznido, miró hacia arriba y un papel bien doblado cayó en sus manos. Lo abrió con cuidado.

No busques ayuda. He acudido a un viejo amigo de la familia. Sólo él sabe cómo ayudarla. 

martes, 18 de junio de 2013

{Mirrors - Capítulo 2}


Un relámpago seguido de un trueno. Un golpe estridente. Unos gritos. Otro trueno. Relámpago. Trueno. Una respiración entrecortada. Otro grito más. Muchas piezas de metal caían al suelo. “Monstruo. Me habéis convertido en un monstruo” Su voz resonaba en sus oídos. “No eres un monstruo. Eres lo que eres por naturaleza. Por favor” Su madre llorando. Otro relámpago. Un trueno más fuerte que los demás.
Zayn abrió los ojos. Estrujaba las sabanas entre sus manos. Miró por toda la habitación y se relajó al darse cuenta que estaba en su habitación del internado. Al menos sus padres habían hecho algo bueno por él y le habían pagado una habitación no compartida. No se imaginaba a alguien soportando sus gritos a las tantas de la noche. Salió de la cama. Se quitó la camiseta y los pantalones empapados de sudor tras el horrible flashback. Recuperó el aliento. Se puso una camiseta y unos pantalones corrientes y salió con paso ligero de la habitación. Al llegar enfrente de su puerta volvió a suspirar y tomó aire para golpearla.
-         Missy, ábreme, por favor – él golpeaba la puerta mientras su voz se quedaba sin aliento. Poco después ella abrió la puerta somnolienta.
-         ¿Qué pasa? – se dio la vuelta y vio que su compañera seguía dormida. Miró la hora y sus ojos se entreabrieron fuertemente – Pero, ¿has visto la hora que es?
-         Lo siento – ella le hizo paso para que Zayn pasara. Se sentaron los dos en la cama – He tenido una pesadilla.
-         ¿Peor que las de antes? – Rosmarie le acarició el pelo y él asintió - ¿Te quieres quedar a dormir? – Zayn volvió a asentir. Se tumbaron los dos en la cama. Rosmarie se apoyó con la cabeza sobre su pecho - ¿Por qué no puedes contarme lo que te pasa?
-         No es fácil – suspiró mientras recordaba su pasado, para él era horrible aunque sus padres no lo veían así – No sabría cómo explicarte todo lo que pasó – se estremeció.
-         Sé que tú no eres así – Rosmarie se levantó y apoyó su cabeza sobre la almohada para ver la cara de Zayn.
-         ¿Así cómo? – preguntó él confundido.
-         Tú no eres malo, no eres un monstruo. Sé que tienes un corazón enorme, creo  más que cualquier persona pero algo te ha marcado y hasta que no soluciones tus problemas no podrás encontrarte a ti mismo – se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y se dio la vuelta – Buenas noches.
Zayn la abrazó por detrás y mientras le daba vueltas a las palabras de Missy se quedó dormido. Volvió a soñar cosas raras, pero eran cosas sueltas, no estaban entrelazadas. Primero un desván vació. Después la imagen de un pozo en medio del bosque del internado. Y por último el lago del internado justo en el corazón del bosque.
Rosmarie se había despertado, duchado y vestido y Zayn … Zayn seguía durmiendo. Encontró una pluma y empezó a hacerle cosquillas hasta que se despertó.
-         Dormilon, ¿quieres bajar a desayunar?
-         Me parece bien – se levantó de la cama – Aquí se duerme mejor.
-         No te acostumbres – ella le dio un empujón pero entre broma y broma bajaron rápido al comedor donde servían el desayuno. De momento no había mucha gente, aún faltaba una semana para que empezaran las clases pero poco a poco llegaban los demás alumnos. Los ojos de Rosmarie se desviaron hasta dar con los de Josh, por primera vez lo miraba fijamente. Josh le sonrió y al acercarse a ella la saludó. - ¿Has visto? – le preguntó ella eufórica a Zayn – Después de tanto tiempo – se sentó en la mesa con la bandeja llena, ni se había dado cuenta de lo que había cogido – Creo que era él – pensó en lo que pasó ayer. Se tocó el labio y se sonrojó al recordar el beso.
-         ¿Quién era? ¿Qué? – le preguntó Zayn despistado. Ella se acordó de que Zayn no sabía nada y se calló – Venga – le dio un empujón cariñoso.
-         Un sueño que he tenido – era la primera vez que mentía a Zayn pero no podía contarle lo que había pasado.
-         No te creo pero lo dejaré pasar – Zayn se despidió de ella – Me tengo que ir. Luego nos vemos.
Rosmarie se quedó sola pero poco después llegaron sus amigas Ruth y Henar. Ellas habían tenido unas vacaciones más largas. Las dos se pusieron a contarle todas las cosas que hicieron, las ciudades que visitaron y todos los tíos con los que se habían liado. Perdió la noción del tiempo y llegó a su habitación unos minutos antes de la comida. Su compañera ya no estaba. Era una chica rara, más que Rosmarie y eso ya era mucho decir. Casi nunca hablaba con ella, la mayor parte del tiempo se la pasaba durmiendo o fuera de la habitación. Rosmarie no se acordaba de la última vez que le había dirigido la palabra. Ni se acordaba de su nombre. Junto a sus pies había una nota. La olió. El mismo perfume. Sonrió como tonta pero después abrió la nota.
“Cambio de planes. A las 10 en la habitación 140”
Josh estaba en su habitación. Estaba satisfecho. Hoy también quería presentarse como “el chico misterioso” pero debía dejar la vergüenza de lado. Se metió a la ducha. Necesitaba refrescarse física y mentalmente. ¿Qué le diría? Por mucho que piense, sabe que lo improvisará todo sobre la marcha. Se enroscó una toalla a través de la cadera y salió del baño desnudo con la minúscula toalla.
-         Con que tú eres el famoso “chico del pañuelo de seda” – vio a Rossy apoyada en la puerta – Pensé que jamás llegaría este día – le echó el pestillo a la puerta y rodeó a Josh por el cuello. Fundieron sus bocas en un beso largo, demasiado largo, demasiado provocativo. Sus cuerpos estaban a otro nivel. Sus respiraciones estaban entrecortadas.
-         ¡Josh! ¡Abre la puerta o la tiro abajo! – la voz de Zayn al otro lado de la puerta los sobresaltó a los dos.
-         ¡Ahora! – Josh le gritó a Zayn y se volvió hacia Rossy – Por favor, escóndete. Ahí – señaló la puerta del baño y ella le hizo caso. Zayn estaba cabreado. No paraba de dar golpes fuertes en la puerta y cuando Josh abrió, se le tiró encima empujándolo contra la pared.
-         Deja de jugar con ella – empezó fuerte – No sé si te habrás dado cuenta de que Rosmarie babea por ti pero para ya. Déjala tranquila. Dile que pasas de ella. ¡Díselo! – gritó con rabia – Le estás haciendo daño y no puedo ver como se ilusiona con una tontería.
-         No es una tontería – le contestó Josh empujando a Zayn y recobrando fuerzas – Me gusta y tú lo sabes muy bien. Tú eres quien debería replantearse esas cosas – se puso bien la toalla – Sois amigos – recalcó la palabra amigos haciendo que Zayn explotara, no de rabia y cabreo, sino de la razón que tenía.
-         Josh … - fue lo único que pudo decir, no le salían las palabras, lo único que hizo fue correr. Rossy salió del baño, incrédula al oír todo lo que habían dicho.
-         No he entendido lo que acaba de pasar.
-         No hace falta que lo entiendas – Josh puso una mano alrededor de su cadera, la atrajo hacia su cuerpo y la volvió a besar con la misma pasión de antes. Él la deseaba, quería hacerla suya, la quería sólo para él. Y ella… ahora ella no sabía lo que quería. Lo había deseado durante todos estos años pero ¿y Zayn? No podía pensar ahora en Zayn. Tenía al chico de sus sueños delante de sus ojos y por fin podría hacer todo aquello que había deseado.
Ella lo empujó encima de la cama, se subió encima suya y le dio un beso. Otro más. Bajaba lentamente hasta su cuello. Su pecho. Zayn. ¿Por qué no podía dejar de pensar en él? Estaba mal. La necesitaba. Se levantó rápidamente.
-         Lo siento – abrió la puerta y salió corriendo escaleras abajo empujando a todo el mundo que se encontraba. Se encontró con Henar y notó sus intenciones de pararla – Ahora no – le acarició la mano para que su amiga la comprendiera.
Zayn ya estaba muy adentro del bosque. La rabia podía con él. Ya le había pasado antes pero no con tanta intensidad. Josh tenía razón. Don perfecto tenía razón. “Monstruo” Esa palabra resonaba dentro de su cabeza, sus oídos estaban hartos de oírla pero era lo que lo caracterizaba. Cuanto más se adentraba en el bosque más aumentaba su ira. No se daba cuenta por donde iba, ni el camino que había seguido pero se había adentrado tanto que había llegado al pozo de su sueño. Una risa lo puso sobre aviso. Era una risa alta. Aguda. Una chica. Era ella, otra vez.
-         ¿Qué quieres? – daba vueltas en círculo buscándola con la mirada, quería ver su rostro – Juré que si volvías a aparecer no volvería a quedarme quieto – se acordó de la última vez que la vio bajando las escaleras de su casa encapuchada entre risas. No se había quitado esa capucha nunca, ni esa toga. Si no fuera por su rareza y su naturaleza hubiera sido como una monja más – Me lo quitaste – se acordó de aquella figura pequeña que yacía sobre un charco de sangre – y no volverás a tocar a nadie que quiera.
-         Que ingenuo eres – una voz se oyó de todos pero de ningún lado. Intentó localizarla pero no pudo. Y volvió a reírse. Zayn vio una sombra moverse detrás de él, oía las ramas crujir.
-         Ya te tengo – saltó encima suya y estaba dispuesto a ahogarla con sus propias manos hasta que la melena pelirroja de Rosmarie brilló sobre el suelo. La miró a los ojos y la abrazó. – Pensaba que … - recordó que ella no sabía nada de aquella historia – Lo siento.
-         No puedo verte así – Rosmarie sentía ternura y cariño al verle, pero también sentía un escalofrío cada vez que él estaba cerca de ella – Sabes que algún día tendrás que contármelo todo – Zayn la ayudó a levantarse y la miró a los ojos. Ella le inspiraba la misma ternura que él a ella. La ayudó a limpiarse las hojas y el polvo de su uniforme.
-         ¿Qué haces aquí?
-         Me sentía mal por …. Por no poder ayudarte – ella intentaba buscar la respuesta adecuada sin decir que escuchó la conversación con Josh y que algo dentro de ella se despertó y la puso sobre aviso, la advirtió de que su corazón no le pertenecía solamente a Josh.
-         ¿Cómo supiste donde encontrarme? – Zayn no paraba de hacerle preguntas. Sabía que algo raro pasaba pero debía quitarse esos pensamientos de la cabeza. Ella no era la cazadora. No lo era. Alejó aquellos pensamientos y puso sus cinco, o mejor dicho, sus seis sentidos en Rosmarie.
-         Haces muchas preguntas – Rosmarie empezó a andar y como si estuviera teleguiado Zayn ya estuvo a su lado en menos que cantaba un gallo. – Todo es mucho más fácil. – se paró en seco, dirigió la mirada hacia él. Zayn era más alto que ella por lo que tenía que levantar la cabeza y mirarlo desde abajo. Le acarició la mejilla – Sólo tienes que abrir bien los ojos – le dio un beso en la mejilla y siguió andando. Zayn volvió a oír esa risa. La sentía detrás suya. Los vigilaba. Ahora sabía cuál era su nuevo punto débil.
-         Vamos – la cogió de la mano y empezó a correr arrastrándola detrás suya – Debemos salir de aquí – cada vez corría más rápido y Rosmarie no podía seguirle el paso, tropezaba con cualquier ramita. Nunca había visto a nadie correr de aquella manera, ni tan rápido ni con tanta gracia.
-         No puedo – Rosmarie se paró, las piernas le temblaban y cayó sobre el suelo frío del bosque – No tengo fuerzas – Zayn miró al horizonte. Vio el internado a pocos metros de donde ellos estaban. Se agachó a su lado.
-         Nos queda poco – la ayudó a levantarse y empezó a andar rápido, no corría, pero andaba como si estuviera corriendo. – Mañana empezaremos unas clases intensivas de atletismo – bromeó haciéndola reír.

-         No me vendrían nada mal – le contestó ella.